Hace unos días, en una conversación sobre ilustración de la naturaleza se comentaba la excelencia de algunos pintores hiperrealistas estadounidenses (en concreto se hablaba de Denis Mayer, también de otros). Como la cabra tira al monte, dije que aquí teníamos muy buenos pintores de naturaleza y mencioné a Manuel Sosa, que el hiperrealismo como virtuosismo tenía su mérito pero que como “representación fiel” de la realidad era tan discutible como una fotografía (este debate ya está zanjado) y que hay obras que sin pretender ni buscar esa “representación fiel” contienen más verdad y belleza; basta con leer el pasaje de Antonio López sobre el Inocencio X de Velázquez para saber lo que quiero decir (por cierto, no entiendo por qué se etiqueta a Antonio López como pintor hiperrealista en gran cantidad de textos, incluida la “wikipedia”, que tanto daño está haciendo al conocimiento). Puse en su momento el siguiente texto en mi antiguo blog (Blogger), que tengo abandonado hace tiempo, y lo traslado aquí con alguna actualización, creo que merece la pena:

“Buscando documentación y fotografías sobre lobos ibéricos para ilustrar un cuento, encontré hace ya algunos años la obra del pintor extremeño Manuel Sosa. Iba con algo de prisa pero me prometí volver a visitarla. Cuando lo hice y tuve el placer de deleitarme en cada una de sus obras. En algún lugar que ahora no recuerdo leí que entre sus referencias pictóricas se encontraban algunos de los grandes pintores románticos y de naturaleza del s.XIX y XX. Mientras me venían a la memoria algunas de las obras de los pintores mencionados, como Friedrich o Bateman, los vastos espacios abiertos y los paisajes nevados, imponentes coníferas y majestuosos animales salvajes, y también los óleos de pintores contemporáneos como John Banovich o Colin Bogle. No pude por menos de detenerme en algunas de las obras de Manuel Sosa que me iban cautivando irremediablemente: el retrato de su perra “panceta”, el cervatillo esperando a su madre, los lobos ibéricos (la manada, el encuentro) y los encinares con grullas, o los lienzos de gramíneas (gramíneas, avena loca) arroyos (de montaña, con helechos,…), o la «luz quebrada». No sé por qué (bueno, sí lo sé, me di cuenta más tarde cuando fui a visitarle a su casa en la sierra madrileña), he recordado una entrevista al pintor Antonio López recogida en la revista de los Ateneos XXI, Foros21, de la que he sacado algunos extractos.”

Extractos de varias entrevistas a Antonio López para Foros 21:

«Hace unos años, con motivo del cuarto centenario del nacimiento del pintor sevillano [se refiere a Velázquez], un conocido medio de comunicación realizó una encuesta entre un nutrido grupo de artistas y personalidades del mundo de la cultura española acerca de cuál era su obra preferida y de qué pintor español de la época contemporáneo podría decirse que más y mejor ha sabido recoger y desarrollar la herencia velazqueña. Por abrumadora mayoría, el pintor Antonio López fue considerado como el único artista actual comparable con la tradición y la trayectoria pictórica de Velázquez. En sus numerosas tertulias en los Ateneos XXI de toda España, Antonio López ha dejado constancia de la admiración que siente por la obra del pintor sevillano, así como sus hondos análisis sobre el valor de la pintura española a lo largo de los siglos. Estos son algunos extractos de las reflexiones que hemos compartido con el pintor manchego en sus frecuentes visitas a los Ateneos.

(…)«Cuando ves, por ejemplo, el retrato de Inocencio X, el Papa no era así, está poseído por Velázquez; esa pintura es un fenómeno que construyó Velázquez. Por eso Velázquez era un pintor. Si quieres negar a la pintura de Velázquez la presencia del hecho emocional del pintor y que es algo frío, sin sustancia, que únicamente tiene mérito como representación de las cosas reales, eso es quedarse solamente con la mitad de la pintura de Velázquez, y con la mitad menos importante. La obra de Velázquez acaba teniendo un misterio, eso que parecía que no tenía. Es lo contrario a la frialdad y la objetividad, tiene hondura, es un agujero tan profundo que todavía no sabemos muy bien qué es lo que hay ahí. Tenía una mirada independiente, miraba por sus propios ojos. Miraba al rey y no veía al rey, veía a un ser humano. Él no lo dice así, ni alardea de ello. Lo hace además por arriba, elevando al bufón, ennobleciéndolo. Esa es la diferencia con Goya, que rebaja al rey. Velázquez no es un crítico y Goya es un criticón».

(…)«Yo pienso que el arte es igual en todas partes, lo que ocurre es que el español tiene un tipo de sensibilidad que no tiene el francés. Cuando vas a un museo y entras en la sala donde está el arte español, notas que tiene algo muy fuerte, muy poderoso, muy dramático y muy sombrío. Y en los buenos momentos un tipo de dignidad, de nobleza, de trabajar sobre los elementos digamos modestos del mundo. Hay una falta de pretensiones que le da un carácter especial al arte español. El español, el buen español, mira de forma muy intensa las cosas. Yo creo que la fuerza de Velázquez, la fuerza incluso de Picasso o Chillida, del buen español, es que mira y ve más en las cosas reales; en las cosas que ve todo el mundo, el español ve un poco más. A lo mejor el español si tiene que hacer la Virgen María la hace peor que un italiano, pero si tiene que hacer un nabo lo hace mejor que nadie».

(…)«Es difícil saber en qué consiste, tan difícil que no ha podido hacerse una fórmula que nos ayude a los demás. Lo único que sí percibes es que siempre vuelve a ocurrir lo mismo, siempre el gran arte español trabaja en esa zona, en ese espacio muy limitado, muy profundo del mundo de la observación. Es un interés por las cosas, que cuando te refieres a la mirada del pintor lleva dentro muchísimos elementos del sentimiento. Eso es la pintura española. Y efectivamente está en toda la cultura española. Santa Teresa es española y ya está. Es que somos paisanos. Comparada con una santa austriaca o italiana podrá parecer una mujer excesivamente prosaica, pero sabemos que no. La fuerza de santa Teresa está en esa intensidad con que puede mirar este vaso. Cuando dice que Dios está entre los pucheros eso tiene mucha miga. La pintura española es eso, el arte está también en los pucheros, “Las Meninas” es eso, la “Vieja friendo huevos” es eso».

(…)«Notas que el arte español corre muchos riesgos, de no ser entendido, de parecer poco refinado. (…) Una gran parte de este arte está ya muy asentado por la historia, pero en su momento yo estoy seguro que Goya no hubiera podido competir con los pintores franceses de su época. Ocurre en todas las épocas históricas: hay un tipo de arte que parece mucho y luego pasa el tiempo, va quitándoles capas, va quitándole maquillaje y dices, bueno, ¿qué ha quedado aquí? Si esto desapareciera no se habría perdido nada. Es como el producto de la vanidad humana, de la vanidad culta, pero vanidad al fin y al cabo.

(…) Cuando ves a Velázquez junto a Rubens y Van Dyck comprendes que la sociedad se inclinara por los otros. A un ricacho de su época, Velázquez debía parecerle excesivamente seco. Porque una seda de Van Dyck es más seda que la propia seda. Y una seda de Velázquez no es más que una tela. Y ésa es la gran maravilla, porque ¿qué es un diamante? ¿Por qué va a ser más que una piedra? ¿Quién se ha creído eso? Subiéndote por encima de los conceptos, lo maravilloso de los grandes artistas españoles es que respetan sólo lo que hay que respetar. Y lo demás lo aparcan. Y claro, lo que hay que respetar ocupa tanto espacio, que desdeñan muchísimas cosas.

(…) En un bodegón de Zurbarán faltan muchísimos detalles que sí están presentes en los grandes pintores europeos de su época, pero en un solo limón de Zurbarán está contenido todo el universo. Ésa es la diferencia: una forma de acercamiento, una forma de trabajar que es absolutamente sagrada. Estamos hablando de gente con unas mentes muy poderosas y que intentan decir la verdad, se sitúan en la zona de la veracidad. Las dos cosas juntas crean el gran arte, y eso es algo muy poco frecuente, porque la sociedad no ayuda a que haya muchos artistas así, quiere ser engañada, distraída. Y frente a la ventaja inicial que saca el artista manipulador, estos grandes artistas no calculan riesgos, les estimula vivir una aventura de riesgo. Al ver sus cuadros notas que o lo hacían así o no lo podían hacer. Tenían una condición que les obligaba a transitar por caminos que se atreven a transitar pocas personas. No quieren engañar, lo que, necesariamente, implica un compromiso y un sacrificio».

(…)«A Velázquez se tardó en llegar. Echaban de menos el refinamiento, porque pintaba esas cosas groseras, que no eran más que la vida, como el aguador, y en su época les parecía que mutilaba lo principal del hecho artístico. Hacía falta tener mucho valor, mucha rebeldía y mucha fe para ver que un aguador podía reflejarse en el lienzo. Creo que en todo eso está lo español».

(…)«En mi primer viaje a Italia vi lo que era lo español. Una manera muy despojada de mirar las cosas, muy desmaquillada y muy respetuosa. Y que tiene una energía tremenda. Es una forma de decir la verdad un poco arriesgada.

(…) Pero tiene que existir esta gente que diga así las cosas. Para llegar a ese nivel sin maquillaje, sin andamiaje estético evidente, hace falta ser muy grande. (…) El español no sabe muy bien por qué hace las cosas. Por eso un hombre como Sánchez Cotán hizo seis bodegones maravillosos y los dejó de hacer. Es como una especie de destino que le lleva, para su desgracia, a hacer algo que le puede acarrear problemas. Pero si no se los acarrea y encuentra suficientes apoyos, llega a hacer algo de mucho valor para los demás. Únicamente los españoles lo han hecho con ese carácter. (…) El problema aparente del español, sin embargo, es que nunca figuró en los ambientes de prestigio, que fueron italianos, alemanes y flamencos. Si Goya hubiera tenido que hacer esa obra en Francia lo habría tenido difícil.

(…) Veláquez parece un milagro, nacido como una semilla en un erial. De Velázquez a Goya casi no hay nadie. El erial. No siempre se da la misma suerte. ¿Cómo se pudo gestar El Quijote? Lo más sencillo, lo más probable, es que no hubiera aparecido.

(…) El arte en otras épocas tenía que ser algo que iluminara la vida. Ahora puede ser eso y puede ser que, sencillamente, te conmocione».


Un comentario

  1. Muy chula esta entrada, aprovecho para felicitaros por esta página, que
    os he encontrado por internet y me parecen todos los contenidos muy interesantes =)

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